Te presentamos 5 variedades de tomate antiguo que han triunfado en nuestra feria.

Hablar de tomate antiguo es hablar de historia, de agricultores que durante generaciones conservaron sus propias semillas y de variedades que estuvieron a punto de desaparecer. Muchas de ellas han llegado hasta nuestros días gracias al esfuerzo de familias, bancos de germoplasma y asociaciones que siguen apostando por la biodiversidad agrícola.

Estas son cinco variedades imprescindibles que representan diferentes rincones de España y que forman parte del extraordinario patrimonio tomatero que podrás descubrir en la Feria Nacional del Tomate Antiguo.

Mazcuerras, conocido como la cuna de la escritora Concha Espina, es también el lugar de origen de una de las variedades tradicionales más emblemáticas de Cantabria.

Tomate de Mazcuerras (Cantabria)

El Tomate de Mazcuerras destaca por sus frutos de gran tamaño, piel fina, pulpa carnosa y un extraordinario equilibrio entre dulzor y acidez. Durante décadas, estos enormes tomates dieron fama a los huertos del municipio, convirtiéndose en una de sus señas de identidad y en un referente de la horticultura tradicional cántabra.

La recuperación de esta variedad ha sido posible gracias al esfuerzo de agricultores y coleccionistas que conservaron sus semillas cuando muchas variedades locales estaban desapareciendo. Además, las semillas obtenidas durante las primeras ediciones de la Feria Nacional del Tomate Antiguo fueron incorporadas al Banco de Germoplasma del Centro de Investigación y Formación Agrarias de Cantabria (CIFA), garantizando su conservación para las futuras generaciones y contribuyendo a preservar uno de los tesoros hortícolas más representativos de nuestra región.

Hoy, el Tomate de Mazcuerras continúa cultivándose y es una de las variedades más esperadas por los visitantes de la Feria Nacional del Tomate Antiguo, donde cada año vuelve a demostrar por qué sigue siendo uno de los grandes símbolos de la huerta cántabra.

Huevo de toro del Guadalhorce (Malaga)

En el corazón del Valle del Guadalhorce, en la provincia de Málaga, se cultiva una de las variedades de tomate más reconocidas de España: el Rosa del Guadalhorce, conocido popularmente como Huevo de Toro por la forma y el gran tamaño que pueden alcanzar sus frutos.

Se trata de un tomate de piel muy fina, pulpa abundante y carnosa, escasa presencia de semillas y un extraordinario equilibrio entre dulzor y acidez. Su textura, jugosa pero firme, y su intenso aroma lo han convertido en uno de los tomates más apreciados por chefs y amantes de la gastronomía.

A finales del siglo XX, la llegada de variedades híbridas de mayor productividad provocó un importante descenso en su cultivo, poniendo en riesgo la continuidad de esta joya hortícola. Sin embargo, gracias al compromiso de un grupo de agricultores del Valle del Guadalhorce, junto con el apoyo de la Asociación Tomate Huevo de Toro, se inició un ambicioso trabajo de recuperación, selección y promoción que ha permitido devolver esta variedad al lugar que merece.

Hoy, el Rosa del Guadalhorce no solo es un símbolo de la agricultura malagueña, sino también un referente nacional en la conservación de variedades tradicionales. Cada verano protagoniza jornadas gastronómicas, concursos y catas en las que prestigiosos cocineros ponen en valor sus extraordinarias cualidades culinarias.

Su presencia en la Feria Nacional del Tomate Antiguo representa el esfuerzo de cientos de agricultores que han demostrado que conservar una variedad tradicional no solo significa preservar una semilla, sino también una cultura, un paisaje y una forma de entender la agricultura.

El Rosa del Guadalhorce es, sin duda, uno de los grandes embajadores del tomate antiguo español y un ejemplo de cómo la tradición y la calidad pueden seguir teniendo un lugar protagonista en nuestra gastronomía

Tomate Zaragozano (Aragón)

El Tomate Zaragozano es una de las variedades tradicionales más representativas de Aragón y un magnífico ejemplo de cómo la recuperación de semillas puede devolver a la vida un patrimonio agrícola que parecía perdido.

Cultivado durante generaciones en las huertas del valle del Ebro, destaca por sus frutos de piel fina, pulpa carnosa y un sabor intenso, aromático y perfectamente equilibrado entre dulzor y acidez. Aunque durante décadas fue desplazado por variedades más productivas, nunca llegó a desaparecer gracias al trabajo de agricultores comprometidos con la conservación de las semillas tradicionales y al esfuerzo del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), que ha contribuido a su recuperación.

Su extraordinaria calidad quedó demostrada muy pronto en la Feria Nacional del Tomate Antiguo de Polanco. Fue el primer tomate en proclamarse Mejor Tomate de España en la primera edición del certamen y, años después, volvió a conquistar al jurado al revalidar el título como Mejor Tomate de España 2025, convirtiéndose en una de las pocas variedades que han conseguido ganar en dos ediciones diferentes de la feria.

Hoy continúa siendo una referencia para agricultores, coleccionistas y amantes del tomate tradicional. Su historia demuestra que una variedad puede estar al borde de la desaparición y, gracias al esfuerzo colectivo de quienes conservan sus semillas, volver a ocupar el lugar que merece entre los mejores tomates de España.

Tomate de Aretxabaleta (Pais Vasco)

El Tomate de Aretxabaleta es mucho más que una variedad tradicional; es el resultado de la perseverancia de quienes se negaron a que desapareciera un patrimonio agrícola único. Originario de los caseríos del Alto Deba, en Gipuzkoa, durante décadas fue cultivado por las familias de la zona, que seleccionaban cuidadosamente las semillas de los mejores frutos para mantener intactas sus extraordinarias cualidades.

Su historia está estrechamente ligada a Koldo Zubizarreta, agricultor y gran defensor de las variedades tradicionales. Cuando este tomate estaba al borde de la desaparición, recorrió los caseríos de la comarca buscando los últimos cultivadores que aún conservaban sus semillas. Gracias a aquel trabajo de recuperación y a la implicación de otros agricultores, el tomate de Aretxabaleta pudo volver a sembrarse y recuperar el prestigio que había tenido décadas atrás. Su legado continúa vivo y cada año la localidad le rinde homenaje durante la fiesta dedicada a esta emblemática variedad.

El resultado de ese esfuerzo es un tomate de piel fina, pulpa carnosa y muy jugosa, con un sabor intenso, dulce y equilibrado, considerado por muchos como uno de los mejores tomates para consumir al natural. Su calidad ha sido reconocida en numerosos certámenes, entre ellos la Feria Nacional del Tomate Antiguo, donde fue elegido Mejor Tomate de España en las ediciones de 2021 y 2022, consolidándose como una de las variedades de referencia del panorama nacional.

La historia del tomate de Aretxabaleta demuestra que una sola persona puede cambiar el destino de una variedad. Gracias a agricultores como Koldo Zubizarreta y a quienes continuaron su labor, hoy esta joya hortícola sigue cultivándose y sorprendiendo por su extraordinario sabor, convirtiéndose en uno de los mejores ejemplos de cómo la conservación de semillas garantiza que nuestro patrimonio agrícola llegue intacto a las generaciones futuras.

Tomate de Abanillas

En el pequeño pueblo de Abanillas, en el municipio de Val de San Vicente, se cultiva una de las variedades de tomate más singulares de Cantabria. Gracias al proyecto desarrollado por Tierra Mojada, este tomate antiguo ha trascendido el ámbito local para convertirse en un referente de la agricultura de calidad y del compromiso con las variedades tradicionales.

Su historia comenzó con la recuperación de antiguas semillas procedentes de huertos familiares de la comarca. A partir de ellas, se inició un cuidadoso trabajo de selección y multiplicación para conservar sus características originales y demostrar que la agricultura tradicional sigue teniendo un importante papel en el medio rural.

El tomate de Abanillas destaca por su extraordinario sabor, una pulpa firme y muy carnosa, piel fina y una gran jugosidad. Cada fruto se recolecta únicamente cuando alcanza su punto óptimo de maduración, lo que permite ofrecer un tomate con todas sus cualidades organolépticas, muy alejado de los estándares de la producción intensiva.

Su calidad ha despertado el interés de cocineros y aficionados a la gastronomía, convirtiéndose en un producto muy valorado dentro y fuera de Cantabria. El proyecto de Tierra Mojada demuestra que la recuperación de variedades tradicionales no solo contribuye a conservar la biodiversidad agrícola, sino que también puede generar nuevas oportunidades para el desarrollo del medio rural y poner en valor el trabajo de los pequeños productores.

Hoy, el tomate de Abanillas representa el equilibrio entre tradición e innovación: una variedad recuperada con respeto por su historia, cultivada de forma sostenible y reconocida por quienes buscan el auténtico sabor del tomate.

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